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Lo
hicieron a pie, a lomo de mula y en colectivo, con apoyo logístico
del Ejército
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entre 9 y 18 años
Un grupo de padres y voluntarios acompañó la expedición
Hicieron flamear la bandera al pie del Cristo Redentor
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"La
montaña se ve más linda de cerca que por la tele",
pensó Santiago, de 10 años, cuando vio de cerca por primera
vez el Aconcagua desde su silla de ruedas.
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Durante la primera semana de este mes, Santiago y 12 chicos con diferentes
discapacidades reeditaron la gesta sanmartiniana a pie, a lomo de mula
y en colectivo, acompañados por sus padres, voluntarios y personal
de la Fundación de Actividades Comunes a Capacidades Diferentes
(Accadi).
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Fue un grupo de 45 personas que, desde el 1° hasta el 8 del actual,
y con el apoyo logístico del Ejército Argentino, realizó
esta experiencia organizada por Accadi y denominada e.p.o.p.e.y.a. (estamos
preparados, organizados para elevar ya a Argentina).
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Tras ocho meses de entrenamiento, el grupo -en el que se encontraban chicos
de entre 9 y 18 años, con discapacidades motoras, visuales y auditivas-
partió en avión desde Buenos Aires y aterrizó en
el aeropuerto militar de El Plumerillo, en Mendoza. A partir de allí,
la epopeya de San Martín fue seguida, paso a paso, por estos expedicionarios.
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En El Plumerillo dispararon un cañón de época, el
mismo usado por el Libertador en el cruce de los Andes; en Uspallata hicieron
tirolesa (deslizamiento con arnés) y descenso en cuerda; visitaron
Picheuta, escenario del primer combate del Ejército de los Andes
en territorio argentino; en Puente del Inca practicaron técnicas
andinas y llegaron, a lomo de mula algunos y a pie otros, hasta la Laguna
de Horcones, al pie del Aconcagua.
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"Pasábamos por esos lugares y yo pensaba: "Por acá
cruzó San Martín", y no lo podía creer",
dijo Daniela, de 18 años, que, por su artogriposis múltiple
congénita tiene dificultades para caminar y no puede mantener las
manos estiradas. Nada de ello le impidió subir a una mula y participar
de las pruebas de esos días. "Estás contenta de poder
hacerlo y orgullosa de vos misma, porque la pasás bien vos y ayudás
a los demás", afirmó.
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Para Mónica Sibila, directora técnica de Accadi, lo más
importante de la experiencia "no fue el tema del esfuerzo físico,
sino la respuesta de cada uno con el otro: la solidaridad de los niños
con discapacidad, y también de los voluntarios, que se recibieron
de padres de chicos discapacitados en pocas horas", indicó.
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"Nos esforzamos todos y pudimos", festejó Santiago, de
10 años, que está en silla de ruedas "desde que me
acuerdo". Tanto se esforzaron todos y tanto pudieron que Maxi, de
la misma edad, logró avanzar en la travesía porque enganchaba
su silla de ruedas a la de Santiago, y éste tiraba de ambas.
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"Todos nos ayudábamos. A mí, los otros chicos me cortaban
la comida, me lavaban los platos, pero yo también colaboraba en
lo que podía y secaba los platos, o lavaba la ropa", recordó
Maxi, a quien desde que nació le faltan las piernas y un brazo,
y que en diciembre sufrió dos operaciones de columna por su escoliosis
congénita.
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"Me dan ganas de vivir, porque hay muchas cosas lindas para ver",
repite desde que llegó de Mendoza.
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La semana previa al 7 de febrero, los caminos hacia el Cristo Redentor
estaban cerrados por mal tiempo. Pero ese día el cielo amaneció
limpio y maquinarias del gobierno provincial pudieron despejar las rutas,
por lo que gran parte de la excursión logró el ascenso.
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Allí, los chicos desplegaron una bandera argentina, réplica
de la que cruzó los Andes. "Algunos no llegamos hasta arriba,
pero llegamos con el corazón", dijo Maxi, que no pudo subir
por problemas de salud.
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"Ha sido una experiencia muy linda. Toda esta gente nos ha dado una
lección de constancia, de dedicación, de esfuerzo",
afirmó el teniente coronel Néstor Baudano, jefe de Comunicación
del Comando de la VIII Brigada de Montaña del Ejército,
dependencia que ofreció a los chicos alojamiento, comida, expediciones,
equipamiento e instrucción. "Dios quiera que puedan volver
a visitarnos. Estaremos preparados para recibir nuevamente una lección
de vida", concluyó Baudano.
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Laura Narbais
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